De qué hablamos en este episodio
“Eso ya pasó, olvídate de eso.”
Cuántas veces no se ha dicho esa frase en una casa dominicana, con buena intención, y sin saber que el cerebro no funciona así.
Cuando una persona pasa por algo que la puso en peligro real —un atraco, un accidente, violencia en la casa, una noche de huracán con el a
Contenido educativo de MentalSpace República Dominicana. No sustituye una evaluación profesional; solo un profesional licenciado puede diagnosticar. Estamos abriendo en Santiago de los Caballeros — únete a la lista de espera en https://mentalspace.do/comenzar
#MentalSpaceRD #SaludMentalRD #PsicologoEnSantiago #TerapiaEnLinea #RepublicaDominicana #Podcast
Transcripción
Leer la transcripción completa (3,790 palabras)
Hay una frase e una frase que persigue casi cualquier tragedia y yo creo que, bueno, estoy segura de que se ha escuchado en todas las casas dominicanas. ¡Uf! Sí, totalmente. Y me atrevería a decir que en toda América Latina, ¿no? Después de que alguien pasa por un, ya sabes, un evento doloroso. Claro. Cuando intentamos ayudar. Exacto. Se dice abrazando a la persona con la mejor intención del mundo, como intentando inyectar ánimo. Suena más o menos así. Eh, tranquilo, eso ya pasó, olvídate de eso y echa para adante. Sí, es como es el remedio casero por excelencia de nuestra cultura, ¿no? Para el dolor emocional. O sea, queremos tanto a la persona que está sufriendo que nuestro instinto de protección como que entra en acción. Ajá. Y básicamente le pedimos a su cerebro que simplemente presione un botón de borrar como si fuera una computadora. Exacto. Como si el evento traumático fuera un archivo defectuoso que e que podemos enviar a la papelera de reciclaje y vaciarla. Pero leyendo la documentación clínica que tenemos hoy en la mesa para nuestro análisis profundo, me doy cuenta de que esa orden eh esa orden bien intencionada de olvidar choca contra un muro biológico inquebrantable. Sí, no se puede. No se puede. Hoy estamos analizando los apuntes y protocolos clínicos de Mental Space, República Dominicana, que es un centro especializado en psicología y psiquiatría. Y la misión de este análisis no es solo entender, digamos, por qué el cerebro se niega a olvidar, sino diseccionar cómo ese trauma no resuelto se convierte en un fantasma que que empieza a controlar en silencio todas las decisiones de nuestra vida diaria. Y fíjate que eh la palabra silencio ahí es clave. Existe un abismo enorme, casi trágico, diría yo, entre lo que la cultura nos exige que hagamos con el trauma y lo que la neurociencia y la psiquiatría saben que realmente funciona. Claro. Le exigimos a la gente que que pase la página, pero biológicamente su cerebro está atrapado en el mismo párrafo. Wow, qué fuerte eso. Y para visualizarlo, cuando yo repasaba los apuntes sobre cómo funciona el trauma, me vino a la cabeza una imagen. Eh, imagínate una madrugada cualquiera. Okay. Imagínate que un ladrón rompe el cristal de un carro estacionado frente a tu casa. Inmediatamente la alarma del vehículo exalla. El ruido es ensordecedor. Sí. Sí. Despierta a todos. Y el ladrón entra en pánico y sale corriño. Si lo piensas, el peligro real, ¿verdad? El carro está a salvo, nadie se lo llegó. Ajá. Pero la alarma se queda sonando por horas y horas y el dueño sale, ve que no hay nadie, pero por alguna razón el sistema eléctrico se trabó y y no hay forma de pagar el ruido. Mm. El trauma se siente exactamente así, ¿no? O sea, el cuerpo está a salvo en su casa, el evento terminó hace meses, pero el sistema de alerta del cerebro sigue gritando a todo pulmón. Me encanta esa analogía. Ilustra perfectamente la mecánica del estrés postraumático. Sí, sí, totalmente. Porque para entender por qué la alarma no se apaga, tenemos que mirar un momento el diseño de nuestro cerebro. ¿Okay? Cuando enfrentas una situación que e que amenaza tu vida o tu integridad, no sé, un atraco a mano armada, violencia doméstica, un accidente de tránsito grave, o tú sabes la impotencia de ver cómo tu casa se inunda en medio de un huracán. Dios, sí. El cuerpo no tiene tiempo para filosofar en ese momento. Activa un circuito de supervivencia primitivo y y la verdad, perfecto. Supongo que es ahí donde entra la famosa respuesta de de pelear o o huir, ¿no? Exactamente. La adrenalina se dispara, el corazón bombea sangre a los músculos, las pupilas se dilatan. Tal cual. El cerebro tiene una estructura llamada amígdala que funciona básicamente como el detector de humo del cuerpo. ¿Okay? Durante el evento traumático, la amígdala detecta el fuego y enciende todas las alarmas. El cuerpo se inunda de cortisol. Y bueno, en una situación normal, semanas después del evento, otra parte del cerebro que es el hipocampo. Ajá. El hipocampo, sí, que es como el archivador de nuestra memoria. Bueno, el hipocampo toma ese recuerdo, le pone un sello con la fecha y lo guarda en la carpeta del pasado y el detector de humo se apaga. Claro, lo archiva, pero en el trauma severo ese sistema de archivo como que se rompe, se bloquea por completo. Wow. Sí. La inundación de hormonas del estrés es tan masiva que el hipocampo se apaga temporalmente. Entonces, el recuerdo nunca recibe ese sello de esto ya pasó, se queda ahí, queda flotando, crudo y fragmentado. Así que para el sistema nervioso de esa persona, el peligro cronológicamente terminó, pero biológicamente sigue sucediendo en un bucle eterno, o sea, en tiempo real, lo cual nos lleva a cómo esta eh esta biología abstracta choca de frente con la realidad de la calle, porque los apuntes de Mental Space incluyen el perfil de un caso que la verdad me dejó pensando muchísimo. Sí, el del motoconchista. Sí, porque desnuda una contradicción muy fuerte en nuestra sociedad. Es un caso muy representativo. Hablamos de de un hombre de 34 años de profesión motoconchista, que es eh como se le llama a los conductores de mototaxi en República Dominicana. Exacto. Él trabaja en la ciudad de Santiago y hace unos 8 meses lo atracaron a punta de pistola cerca de las 8 de la noche. Qué pesadilla. Horrible. Lo despojaron de su motocicleta, de la ganancia del día, de sus documentos. Una experiencia aterradora. Y sin embargo, a los tres días de ese evento, este hombre ya estaba de vuelta en su misma esquina trabajando en un motor prestado. Okay, voy a detenerte ahí. Voy a ser de abogado del un momento. A ver, si le cuentas esta historia a cualquier persona en la calle, te va a decir, "Wow, qué tipo más fuerte, qué bárbaro." Claro, lo aplauden. Sí, volver a enfrentarse al tráfico a los tres días, porque como decimos siempre, la familia tiene que comer. Yo siento que la gran mayoría de la gente vería eso como, no sé, el pináculo de la resiliencia y la superación personal. ¿No deberíamos celebrar esa fuerza de voluntad? Es que esa pregunta toca el núcleo del problema. Lo que solemos celebrar en nuestra cultura no es la resiliencia, es la pura y dura supervivencia operativa. Supervivencia operativa. Exacto. Y confundir ambas cosas es peligrosísimo, porque funcionar mecánicamente porque la presión económica te pone una soga al cuello, bueno, eso no tiene nada que ver con procesar el trauma. Claro. De hecho, si miras la vida de este paciente hoy, 8 meses después, la realidad es muy oscura, porque la alarma del carro sigue sonando por dentro. Exactamente. Hoy en día él ya no acepta viajes de noche. Pierde dinero porque su jornada termina temprano. Por supuesto, se niega a transitar por la avenida donde ocurrió el atraco, lo que le obliga a tomar rutas mucho más largas. Lleva meses sin dormir una noche completa y lo más destructivo, eh, su umbral de tolerancia desapareció. Está explotando en ataques de ira contra su pareja por cosas minúsculas en la casa, cosas que antes ni le importaban. Y me imagino que si alguien se le acerca y le pregunta cómo está, la respuesta automática es todo bien. Te dirá que está perfectamente bien, que eso ya quedó en el pasado y que él es un hombre. Wow. Aquí vemos, fíjate, la doble carga del trauma no tratado en ciertas culturas. Por un lado, está lidiando con una condición neurobiológica real que está destrozando su descanso y a su familia. Sí. Y por otro carga con el mandato social del machismo, ¿no? Que le susurra al oído que que hablar de sus pesadillas o admitir que tiene pánico de salir de noche lo hace débil. Se entierra en una armadura de falsa fortaleza. Es desgarrador. De verdad, me hace pensar en cuántas personas andan por ahí caminando con esa misma armadura, eh, afirmando estar bien cuando por dentro el sistema está en llamas. Muchísimas. Y si este motoconista y tanta otra gente disimula también hacia el exterior, ¿cómo logramos identificar que el trauma sigue activo? Porque las señales parecen ser invisibles. No, son invisibles a simple vista, pero clínicamente son muy específicas. La documentación que estamos revisando detalla síntomas que indican que la amígdala sigue encendida. Okay. El síntoma más invasivo son las imágenes intrusivas, que entiendo que no es lo mismo que sentarse a recordar, ¿verdad? Para nada. No, no. Recordar es un acto voluntario. La imagen intrusiva es un asalto a tu mente. O sea, puedes estar en la fila del supermercado comprando frutas y de repente tienes un flash vívido. Ay, visual y físico del cañón de la pistola, sientes el olor del momento, el latido del corazón se te dispara y durante la noche, cuando las defensas bajan, eh, esto se convierte en pesadillas repetitivas que te hacen despertar sudando frío. ¿Sabes qué? Para quienes nos escuchan, yo trato de buscar una forma de aterrizar ese nivel de agotamiento. Lo veo eh muy similar a lo que pasa con nuestros teléfonos celulares. A ver, a veces tomas tu teléfono, no sé, a las 2 de la tarde y te das cuenta de que solo le queda un 5% de batería y miras la pantalla y parece que no hay nada abierto, todo está normal. Ajá. Pero si entras a la configuración profunda, descubres que hay una aplicación pesadísima, tal vez un mapa con GPS corriendo en el fondo desde que te despertaste. No le estás viendo, pero te está drenando la energía vital minuto a minuto. Me parece una metáfora brillante, de verdad, porque describe con precisión el segundo síntoma clave, que es la hipervigilancia. Okay. Tu sistema nervioso es esa aplicación corriendo en segundo plano, escaneando el entorno en busca de amenazas que no existen. Es vivir perpetuamente al borde de la silla. Qué agotador. Das un salto incontrolable si alguien cierra una puerta un poco fuerte, mantienes una tensión muscular en los hombros que te causa dolores crónicos. Sí, es la incapacidad fisiológica de relajar los músculos, incluso cuando estás sentado en el sofá de tu sala con la puerta con seguro viendo televisión. Tu cerebro te dice que un ataque inminente viene en camino. Es que vivir así con el tanque de energía siempre en cero por culpa de esa vigilancia extrema tiene que cambiar quién eres como persona. O sea, nadie puede mantener su personalidad intacta bajo ese nivel de estrés. Y por eso vemos el tercer gran síntoma, el embotamiento emocional o ese sentimiento de desconexión. Las personas llegan a la consulta describiendo sentirse grises, apagadas. Sienten una barrera de cristal entre ellos y sus seres queridos. ¡Wow! Un paciente lo describía como si un interruptor de la alegría se hubiera fundido por dentro. Y acompañando ese vacío, aparece el verdugo más cruel de la mente traumatizada, la culpa. La famosa tortura del Y sí, exacto. El cerebro traumatizado odia la incertidumbre y la falta de control. Así que en un intento medio retorcido por darle sentido a una situación caótica, empieza a culpar a la víctima. Así misma. Sí. La persona se tortura pensando si hubiera tomado otra calle, si no hubiera salido de la casa ese día, si me hubiera defendido diferente. Intentan reescribir un pasado inalterable castigándose constantemente. Qué fuerte. Y bueno, si alguien que nos escucha hoy se está viendo reflejado en esto o tal vez a su pareja, a su hermano o a un amigo en esta descripción, ¿cuál es la línea divisoria? O sea, ¿en qué momento uno debe reconocer que esto eh dejó de ser el simple susto de las primeras semanas y requiere la intervención de un profesional? El indicador universal es la erosión de tu calidad de vida. Si el evento ocurrió hace más de un mes y sigues modificando tu rutina para evitar lugares o personas, eh si el insomnio te está destruyendo la capacidad de concentrarte o si tu irritabilidad está alejando a tu familia, el tiempo ya no está de tu lado. Claro, hay un mito de que el tiempo lo cura todo y en el trauma, el tiempo por sí solo a menudo solo calcifica la herida y eso conecta perfectamente con con una frase lapidaria que aparece en los protocolos de mental space. dice, "Agantar callado 15 años no es un plan de tratamiento." A mí me impactó muchísimo leer eso. Es que aguantar es una táctica de supervivencia a corto plazo, no un proyecto de vida. No, totalmente. La buena noticia es que cuando la persona se cansa de aguantar, la ciencia clínica de hoy ofrece salidas reales y estructuradas. No estamos hablando de sentarse en un círculo a recibir palmadas en la espalda o a llorar nada más. Claro, ni de buscar coaching motivacional para verle el lado positivo a la tragedia. Hablamos de intervenciones basadas en evidencia neurológica y abordemos eso porque siento que hay mucho escepticismo y hasta miedo sobre lo que realmente pasa en una terapia de trauma. Yo misma he escuchado a personas decir, "¿Para qué voy a ir a un psicólogo a repetir la peor historia de mi vida, llorar por una hora, reabrir la herida y salir peor de lo que entré?" Ese miedo es supercomún y bueno, si la terapia consistiera solo en eso, tendrían toda la razón en evitarla, lógico. Pero el abordaje clínico moderno del trauma no busca que la persona reviva el dolor para sufrir, sino que procese el recuerdo de una manera estructurada que el cerebro no pudo hacer en el momento del evento. ¿Okay? Los apuntes mencionan enfoques muy robustos como la terapia cognitivoconductual centrada en el trauma y la exposición prolongada que ayudan al cerebro a separar la memoria del pasado de la sensación de peligro en el presente. Pero leyendo las notas hubo un tratamiento específico que me dejó la verdad rascándome la cabeza. Hablan de la terapia EMDR y mencionan algo llamado estimulación bilateral. Ajá. Te soy 100% sincera. Cuando leo que voy a curar un trauma severo a través de una estimulación bilateral, mi cerebro escéptico piensa que, no sé, que suena ciencia ficción o a un truco de magia. ¿Me estás diciendo que con mover los ojos puedo curar un estrés postraumático? Es una reacción superválida porque suena místico, es verdad, pero en realidad es pura biología aplicada. Ah, sí. Sí. MDR significa desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Para entender cómo funciona, tenemos que mirar lo que hace tu cerebro todas las noches cuando duermes, específicamente en la fase REM del sueño, la fase donde soñamos, ¿cierto? Sí. Y durante esa fase, bajo los párpados cerrados, tus ojos se mueven rápidamente de izquierda a derecha. La ciencia ha observado que ese movimiento ocular que activa alternativamente ambos hemisferios del cerebro, eso es la estimulación bilateral. Oh. Es parte del mecanismo que usa nuestra mente para procesar el estrés del día, tomar las memorias y archivarlas correctamente. Es como el camión de la basura y el archivador nocturno del cerebro. Okay. Pero en el caso del trauma, dijimos que el archivador, o sea, el hipocampo se rompió y el recuerdo se quedó atascado. Lo que hace un terapeuta certificado en MEDR es recrear artificialmente ese mecanismo de procesamiento. Wow. El paciente trae a su mente una imagen del trauma. Pero al mismo tiempo, el terapeuta introduce la estimulación bilateral. Puede ser pidiéndole que siga el movimiento de los dedos del terapeuta con los ojos, usando sonidos alternos en cada oído o pequeños toquecitos en las manos. Sigo tratando de entender la mecánica. ¿Por qué forzar al cerebro a eh a prestar atención al movimiento de los dedos ayuda con un recuerdo tan doloroso? Porque satura tu memoria de trabajo de una manera muy específica. Al obligar a tu cerebro a concentrarse en el movimiento visual del presente, le quitas energía a la intensidad emocional del recuerdo del pasado. Ay, claro. Esto crea una distancia segura, permitiendo que el cerebro reactive su sistema natural de procesamiento y poco a poco, sesión tras sesión, el hipocampo logra finalmente ponerle ese sello de pasado al recuerdo. Qué fascinante. O sea, que no estás borrando la memoria. Si te atracaron, vas a seguir sabiendo que te atracaron. Pero lo mueves de la carpeta de alarma de fuego actual a la carpeta de archivo histórico. Lo has resumido a la perfección. La persona recuerda la narrativa del evento, pero su cuerpo ya no tiembla, su corazón ya no se acelera y las pesadillas desaparecen. Es increíble. Y bueno, vale la pena mencionar que a veces este proceso terapéutico necesita un puente médico. Las notas clínicas recalcan que la psicología y la psiquiatría suelen trabajar juntas. Mhm. Si un paciente lleva 6 meses durmiendo 2 horas por noche debido al terror, su cerebro no tiene la plasticidad necesaria para la terapia EMDR. A veces un psiquiatra necesita prescribir medicación temporal simplemente para estabilizar el sueño y bajar la inflamación del sistema nervioso para que entonces la psicoterapia pueda hacer su trabajo. Exactamente. Esta ciencia es impresionante, pero pero nos lleva la pared contra la que chocan la mayoría de las personas en nuestra región. Todo esto suena increíble, pero históricamente acceder a salud mental especializada de este nivel ha sido un privilegio brutal. ¡Uf! Sí, usualmente implica a vivir en la capital, tener tiempo libre y un presupuesto altísimo. ¿De qué sirve que la ciencia avance si no llega a la persona que la necesita? Ese es el gran cuello de botella del sistema de salud y es precisamente el problema logístico que modelos como el de Metal Space República Dominicana están intentando resolver, según revisamos en su estructura. Han optado por un modelo híbrido. Claro, veo que mantienen atención presencial en sus oficinas físicas en Santiago, lo cual es vital para ciertos casos. Sí, muy importante. Pero lo que me parece disruptivo es que implementan un sistema de telemedicina con videollamadas seguras y encriptadas que abarca todo el país sin importar en qué provincia te encuentres. Es un cambio de paradigma total, porque imagínate a alguien cuyo trauma está relacionado con salir a la calle. Exigirle que tome tres autobuses o maneje 2 horas para llegar a una clínica es ponerle una barrera enfranqueable. Es imposible. La posibilidad de recibir terapia basada en evidencia como la terapia cognitivoconductual desde la privacidad y seguridad de tu propia habitación, bueno, democratiza el acceso a la sanación, lo cual está muy bien, pero me imagino que manejar casos clínicos graves a través de una pantalla requiere un nivel de orden y ética muy estricto, ¿no? No es como que mandas un mensaje y ya eres paciente. No, la ética es intransigente aquí y los apuntes lo dejan claro mediante una advertencia muy firme. A ver, lo primero que hay que entender es que educarse o leer sobre trauma en internet no sustituye el criterio médico. Solo un profesional de la salud mental, licenciado, tras una evaluación formal puede diagnosticar a un paciente y tampoco existen garantías de tiempo ni curas milagrosas. El sistema nervioso de cada ser humano tiene su propio ritmo y entiendo que por temas de confidencialidad y y para mantener ese orden clínico estricto han centralizado todo su proceso de admisión. Ajá. Para cualquiera que nos escuche, que sienta que es momento de dejar de aguantar, los apuntes indican que el único canal oficial para ingresar a su lista de espera, pedir una cita o unirse a su comunidad, eh no es por redes sociales, sino a través de un formulario único en su sitio web. Así es, han establecido ese embudo para garantizar la privacidad y el flujo ético de los pacientes. La dirección es mentalspace.do/comenzar. Ese es el único punto de partida válido para iniciar un proceso formal con sus especialistas. Ahora, hablando de protocolos y líneas éticas, hay un límite crítico que siempre tocamos cuando hablamos de telemedicina y procesos de admisión y es el manejo de emergencias agudas. Es imperativo subrayarlo. Sí. Si una persona que nos escucha siente que su vida o la vida de alguien a su alrededor corre peligro inminente, o sea, si hay una crisis activa donde la seguridad física está comprometida hoy, en este instante, un formulario web no es la herramienta, no, no es la herramienta adecuada. En esos casos, el protocolo universal es llamar inmediatamente al sistema 911, claro. Contactar a la línea de intervención de crisis 811 o dirigirse a la sala de emergencias médicas del hospital más cercano. La preservación de la vida siempre, siempre antecede cualquier proceso terapéutico. Es crucial establecer esos límites. Bueno, siento que hemos desarmado por completo ese mandato cultural de olvidar. Entendimos como la amídala secuestra al cerebro convirtiendo un evento del pasado en una alarma eterna. Vimos como esa falsa resiliencia ilustrada en el caso del motoconchista nos obliga a tragar el miedo y destruir nuestra calidad de vida en silencio y exploramos cómo intervenciones asombrosas como la estimulación bilateral de EMDR pueden reparar el reloj interno del cerebro. El gran resumen es que la sanación es posible y es estructurada. Reconocer que necesitas ayuda no borra tu valentía ante la vida. Para nada. De hecho, enfrentar tu propio trauma en el consultorio es probablemente la batalla más valiente que vas a pelear y la única que de verdad te va a devolver el control de tu destino. Y antes de despedirnos, quiero dejarles algo en qué pensar. Que, bueno, que va un paso más allá de nuestra propia vida. Siempre pensamos en el trauma como una carga individual, ¿no? Algo que nos afecta solo a nosotros. Claro. Pero investigaciones recientes en un campo llamado epigenética están descubriendo algo alucinante. Oh, el impacto intergeneracional del trauma es fascinante. Exacto. Sugieren que el trauma severo y no resuelto puede alterar la forma en que se expresan nuestros genes. Wow. Esto significa que si pasamos 15 años aguantando en silencio, ignorando la alarma y negándonos a buscar tratamiento, biológicamente podríamos estar pasándoles esa hipervigilancia, esos miedos inexplicables a nuestros propios hijos y nietos a través de nuestro ADN. Qué responsabilidad. Así que quizás decidir sanar tu trauma hoy no es solo un acto de amor propio, es el acto definitivo de protección para evitar que las futuras generaciones hereden las falsas alarmas de nuestras propias tragedias. ¿Qué pasa si al sanarte tú estás sanando también a los que aún no han nacido? Nos vemos en el próximo análisis profundo.
Este contenido es educativo y no sustituye una evaluación profesional. Solo un profesional licenciado puede diagnosticar.
Unirme a la lista de espera →




